¿Cómo es el consumidor del Travel Retail?

Cuando hablamos de travel retail, la primera imagen que viene es la de los espacios comerciales en los aeropuertos. Pero este canal de venta también está presente –cada vez más– en puertos marítimos y estaciones de tren; la clave está en atraer a los viajeros para que consuman.

Pero el público al que atienden las marcas presentes en el sector del travel retail difiere mucho del público habitual que compra en entornos urbanos o a través de canales online. Y solo entendiendo sus peculiaridades y anticipándose a sus demandas se puede lograr un éxito en este sentido.[/vc_column_text][vc_single_image image=»6878″ img_size=»full» alignment=»center» el_class=»s-padding-bottom»][vc_column_text el_class=»s-padding-bottom font-size-20″]

¿Cuáles son las características del travel consumer?

Son varias las características propias e identificativas del consumidor viajero, cada vez más importante para el retail, ya que son cada vez más las personas que viajan anualmente y consumen en los espacios comerciales de puertos, estaciones de tren y, sobre todo, aeropuertos.

Un tiempo limitado: Los viajeros consumidores suelen tener un tiempo definido por los vuelos, trenes o barcos que tienen que coger. En las estaciones de tren y en los puertos, no hay un tiempo mínimo, ya que los periodos de espera entre los diversos controles de seguridad y el acceso al medio de transporte son bastante más reducidos, salvo en los casos de escala, en los que sí pueden suponer varias horas.

En cambio, en los aeropuertos se suele contar con, al menos, la llamada hora dorada. Esto sucede porque se estima que, de media, el tiempo mínimo que puede pasar una persona en la terminal desde que supera los controles de seguridad hasta que embarca es de 60 minutos. Pero, de nuevo, en las esperas entre vuelos o en caso de retrasos, los tiempos pueden ser bastante superiores.

Las marcas pueden aprovechar estas limitaciones temporales para concentrarse en determinados tipos de viajeros de orígenes o destinos similares, con el fin de ofrecerles una experiencia mucho más cercana y personal a sus gustos.

Influencia de las emociones: El estado mental de los consumidores que están de viaje es muy distinto al que tienen cuando realizan compras en su día a día o en un entorno familiar. La limitación del tiempo disponible, incluso la sensación de premura o de estrés en algunos casos, son condicionantes para que los consumidores se vean impulsados a comprar, aunque sea de modo inconsciente.

También hay que tener en cuenta la variable de si se encuentran en el viaje de ida o de vuelta. En el primer caso, la sensación de relajación ante la cercanía de unas vacaciones también puede motivar que los consumidores se vean menos reacios a hacer gastos que, en otros escenarios, no contemplarían.

Este aspecto puede facilitar a las marcas la propuesta de espacios concretos, más puntuales y con el objetivo de responder a compras más impulsivas. Ejemplo de ello son algunos formatos efímeros, como córneres específicos, pop-ups, etc. Y, en lo que respecta a los propios productos o formatos, también se pueden adecuar a lo que un viajero va a necesitar, con presentaciones más pequeñas para facilitar el transporte o la introducción en el avión, regalos, etc.

Y, dependiendo de la estación del año, las marcas también pueden diseñar o configurar sus espacios y mobiliarios de un modo acorde a la temporada vigente, sin descontar la oferta más adecuada a esto en lo que se refiere a los propios productos.

Origen variado: Los pasajeros, sobre todo en terminales de aeropuertos, no responden a un único estatus social y económico. Al contrario, con la proliferación de compañías de vuelos baratos, viajar en avión ha dejado de ser exclusivo de las clases con mayor poder adquisitivo y ha llevado a las superficies aeroportuarias a un número mayor de gente de orígenes muy diversos.

Esto permite a las marcas abrirse a nuevos mercados y darse a conocer entre un público que antes no era el habitual. Es el caso de algunas firmas de lujo, que pueden ver cómo algunos consumidores no clásicos de sus espacios ahora sí que acceden a ellos y conocen de primera mano los productos. Para ello, una tendencia que cada vez más marcas llevan a cabo es la de configurar su superficie en tienda de un modo que resulte mucho más abierta, para que los viajeros accedan a ella y no se vean en territorio extraño.

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